Entradas agregadas ‘Italo Calvino’
La ciudad de la rata, la ciudad de la golondrina, por Italo Calvino
“Una Sibila, interrogada sobre el destino de Marozia, dijo:
-Veo dos ciudades: una de la rata, otra de la golondrina.
El oráculo fue interpretado así: hoy Marozia es una ciudad donde todos corren por galerías de plomo como bandadas de ratas que se arrancan de entre los dientes los restos que caen de los dientes de las ratas más amenazadoras; pero está a punto de empezar un nuevo siglo en el que todos en Marozia volarán como las golondrinas por el cielo de verano, llamándose como si jugaran, dando volteretas con las alas inmóviles, despejando el aire de moscas y mosquitos.
Volví a Marozia años después; la profecía de la Sibila se considera cumplida desde hace tiempo; el viejo siglo quedó sepulto; el nuevo está en su culminación. La ciudad ha cambiado, sin duda, y quizás para mejor. Pero las alas que he visto volar son las de los paraguas desconfiados bajo los cuales unos párpados pesados se bajan ante las miradas; gentes que creen volar las hay, pero apenas si se alzan del suelo agitando hopalandas de murciélago.
Sucede sin embargo que, rozando los compactos muros de Marozia, cuando menos te lo esperas ves abrirse una claraboya y aparecer una ciudad diferente que al cabo de un instante ha desaparecido. Quizás todo consista en saber qué palabras pronunciar, qué gestos hacer, y en qué orden y con qué ritmo, o bien baste la mirada la respuesta el ademán de alguien, baste que alguien haga algo por el solo placer de hacerlo y para que su placer se convierta en placer de los demás: en ese momento todos los espacios cambian, las alturas, las distancias, la ciudad se transfigura, se vuelve cristalina, transparente como una libélula. Pero es preciso que todo ocurra como por casualidad, sin darle demasiada importancia, sin la pretensión de estar realizando una operación decisiva, teniendo bien presente que de un momento a otro la Marozia de antes volverá a cerrar su techo de piedrra, telarañas y moho sobre las cabezas.
¿Se equivocaba el oráculo? No está dicho. Yo lo interpreto de esta manera: Marozia consiste en dos ciudades: la de la rata y la de la golondrina; ambas cambian con el tiempo, pero su relación no cambia: la segunda es la que está a punto de librarse de la primera.”
Italo Calvino, Las ciudades invisibles. Madrid, Siruela, 1998.
El mundo de la luna, por Italo Calvino
“Para subir a la Luna [...] es una convención recurrir a las híbridas razas de los caballos alados o Pegasos o Hipogrifos; las Hadas los crían en sus caballerizas doradas para unirlos a bigas y a trigas. Astolfo tenía su Hipogrifo y en él montó. Puso rumbo al cielo. La Luna creciente le salió al encuentro. Planeó. (En el tarot La Luna estaba pintada con más dulzura que en el drama de Príamo y Tisbe, tal como lo representan en las noches de pleno verano rústicos actores, pero con recursos alegóricos igualmente simples…)
Después venía La Rueda de la Fortuna, justo en el momento en que esperábamos una descripción más detallada del mundo de la Luna que nos permitiese dar libre curso a las viejas fantasías de un mundo al revés, donde el asno es rey, el hombre es cuadrúpedo, los jovencitos mandan a los viejos, las sonámbulas gobiernan el timón, los ciudadanos giran como ardillas en el molinillo de la jaula, y a todas las paradojas que la imaginación puede descomponer y recomponer. [...]
En los blancos campos de la Luna, Astolfo encuentra al poeta dedicado a interpolar en su urdimbre las rimas de las estrofas, los hilos de las intrigas, las razones y las sinrazones. Si es verdad que habita en el centro mismo de la Luna -o que está habitado por ella, como si fuera su núcleo más profundo-, nos dirá si es cierto que contiene el diccionario universal de las rimas, de las palabras y de las cosas, si es el mundo lleno de sentido, lo opuesto a la Tierra insensata.
-No, la Luna es un desierto -fue la respuesta del poeta, a juzgar por la última carta depositada en la mesa: la calva circunferencia del As de Oros-; de esta árida esfera parte todo discurso y todo poema; y todo viaje a través de bosques, batallas, tesoros, banquetes, alcobas, nos devuelve aquí, al centro de un horizonte vacío.”
Italo Calvino, El castillo de los senderos cruzados, 1973.







