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“La primera vez”, por David Kuehls
La tarjeta. Su vida entera estaba en esa tarjeta. En particular, en el microchip que contenía todo, desde su cociente intelectual hasta e hecho de ser zurdo hasta los recuerdos del recreo de cuarto grado. Tres segundos más tarde se oyó un zumbido, la tarjeta saltó fuera de la ranura, la puerta se destrabó y Rod Taylor entró en la cafetería.
Demasiada seguridad para apenas un sándwich de pavo, pensó Rod. Deslizó su bandeja a lo largo del entubado de metal, y tomó un recipiente de compota de manzanas además del sándwich. Pero primero se lo llevó a la nariz y lo olió para ver si estaba fresco. Rod detestaba la compota de manzanas del día anterior. Tenía una película invisible que uno podía oler y saborear. Olía como el plato de metal en que se hallaba, y también tenía ese sabor. El primer recipiente que tomó contenía compota de manzanas del día anterior. Rod fue a dejarlo donde estaba, pero Gary, de contabilidad, lo empujó con su bandeja desde atrás y le dijo que se apresurara. Rod deslizó su bandeja hasta la cajera.
Era una mujer. Rod se dio cuenta por la ajada novela romántica que sostenía sobre un muslo. Los androides no leían por placer. Y aunque lo hicieran, no leían novelas románticas. Tal vez un polímero esquemático. (más…)
De cómo nos enteramos de la muerte del pequeño Walt, según John Irving
“…Desde que Duncan tenía memoria, los Garp habían ido todos los veranos a Dog’s Head Harbor, New Hampshire, donde los kilómeros de playa frente a la finca de Jenny Fields eran asolados por una temible corriente submarina. Cuando Walt tuvo edad suficiente para aventurarse cerca del agua, Duncan le dijo -como Helen y Garp le habían dicho a él durante años-: “Cuidado con la corriente submarina”. Walt retrocedió, respetuoso. Durante tres veranos, Walt fue puesto en guardia respecto a la corriente submarina. Duncan recordaba todas las frases.
“Hoy la corriente submarina está mala.”
“Hoy la corriente submarina está fuerte.”
“Hoy la corriente submarina está malvada.” “Malvada” era una palabra importante en New Hampshire que no sólo se aplicaba a la corriente submarina.
Durante años, Walt se cuidó de ella. Desde la primera vez, en que había preguntado qué podía hacerle, sólo le habían dicho que podía tragarle. “Podía absorberte, tragarte y arrastrarte mar adentro.” (más…)








